lagleize1944 military news – artillería alemana de largo alcance Ejercito Aleman 2GM IIWW

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Bombardear a tu enemigo desde más lejos y con proyectiles más grandes. Este ha sido el principio básico que ha dominado la artillería prácticamente desde sus comienzos. Pero lograr este doble objetivo conlleva una dificultad asimismo doble: un tamaño y un peso igualmente enormes.
Este problema quedó patente desde la introducción del cañón en los campos de batalla. Las piezas más ligeras podían ser movidas con cierta facilidad por hombres o auxiliándose con animales de tiro, pero cuando se requería machacar al adversario en lugares protegidos, desde una distancia segura, cambiaban las tornas: era precisa sacar de los arsenales los monstruosos cañones de sitio, herederos de las antiguas catapultas y trabucos. Valgan de ejemplo los valores de un artefacto de este tipo del siglo XVI. El cañón solo pesaba 5 toneladas y la cureña otras tantas. Sus ruedas tenían la altura de un hombre y cada una de las balas esféricas que disparaba pesaba más de 100 libras de la época. Conseguir mover y emplazar en su posición cualquiera de estos cañones a fuerza de brazos y bueyes era una notable proeza técnica y logística. Y en la mayoría de los casos, su efecto distaba mucho del ser el deseado: sus balas podían estar martilleando un muro meses y meses sin lograr abrir brecha  porque los cañones de sitio sólo podían usarse mientras el terreno estuviese duro, pues al carecer de mecanismo de absorción, el retroceso acababa hundiéndolo en la tierra.
La guerra fue y ha sido el gran catalizador del desarrollo tecnológico. Durante los siglos siguientes, la inmovilidad de los asedios cedió terreno ante la táctica, la movilidad del ejército y una artillería de campaña potente pero a la vez ligera. De la misma forma que las primeras armas de fuego acabaron con la armadura, los cañones volvieron obsoleta la fortificación medieval: los viejos muros no eran escudo suficiente para frenar los proyectiles. Y aunque los sitos a plazas fuertes nunca desaparecieron ya no eran preciso los cañones gigantes de antaño: las modernas piezas, mucho más manejables, podían hacer el mismo trabajo.
Durante la Guerra Civil americana se aplicó por primera vez la fuerza del vapor a la guerra. Los cañones se situaron en el único medio de transporte terrestre lo suficientemente resistente para soportar su peso y al mismo tiempo con la velocidad necesaria para llevarlo allí donde hicieran falta: el tren. Había nacido la artillería sobre ferrocarril. Sin embargo, su mayoría de edad no se produjo hasta algunos años después, durante la Primera Guerra Mundial, en 1914. Lo que empezó siendo una rápida guerra de movimientos, acabó convirtiéndose en la espantosa pesadilla de las trincheras. A lo largo de centenares de kilómetros se alienaban posiciones blindadas, túneles, fuertes, fortines y casamatas defendidas por alambradas, ametralladoras, cañones y miles de hombres prácticamente enterrados. Conquistar una trinchera enemiga implicaba desalojar previamente a sus ocupantes… y la artillería acudió a la llamada.
LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL
El avance alemán a través de Bélgica en el verano de 1914 recuperó el valor de la artillería de sitio. Debido a las constantes fricciones entre Alemania y Francia, toda la zona entre ambos países estaba sembrada de cadenas de modernas fortificaciones, estudiadas específicamente para soportar el fuego enemigo. Las piezas de pequeño calibre no bastaban para abrir los gruesos caparazones de cemento y acero y nuevamente los cañones tuvieron que crecer en tamaño y letalidad, y como no, en peso. Los gigantescos Grosse Bertha alemanes de 420 mm o los Skoda austriacos de 350 bombardeaban al enemigo hasta rendirlo en pocos días. Esta lección no fue desaprovechada por ninguno de los contendientes y pronto se inició una carrera por lograr cañones más potentes y efectivos.
Antes de proseguir es preciso hacer una aclaración: las piezas de artillería (de retrocarga), no incluyendo los morteros, pueden ser auténticos cañones o bien obuses (del alemán Haubitze, palabra de la que deriva la denominación Howitzer). La diferencia básica estriba en la trayectoria que sigue el proyectil: mientras que la del cañón es bastante plana, alcanzado el blanco de frente o con un ligero ángulo, el obús hace que la bala describa un arco muy pronunciado para llegar al blanco desde arriba. La mayor parte de los cañones de gran calibre, usados por uno u otro bando durante la Gran Guerra eran en realidad, obuses.
Tradicionalmente, los mayores cañones que se fabricaban iban destinados a los buques de guerra. Estas piezas, de calibres que iban de los 305 a los 380 mm y con un retroceso tremendo, tenían una enorme capacidad de destrucción y contaban con la ventaja de disponer de un vehículo perfecto para acogerlas: el acorazado-crucero de batalla (prácticamente un acorazado “adelgazado”). De hecho, cien toneladas más en una plataforma que fácilmente rondaba las treinta mil y que flotaba en un medio que servía de amortiguador, no suponía un inconveniente especialmente grave. Pero en tierra era distinto. Si bien no podía usarse un acorazado en el frente, sus cañones se veían como el medio ideal de perforar las líneas defensivas cada vez más perfeccionadas. Así pues, el primer intento de configurar una arma capaz de batirlas consistió simplemente en ubicar un cañón naval sobre una plataforma terrestre. El problema vino entonces: ¿cómo manejar en tierra uno de estos mastodontes?. Moverlos necesitaba el empleo de un tractor de gran potencia y aún entonces lo hacían muy despacio, pudiendo caer en manos del enemigo en caso de tener que retirarse precipitadamente. Incluso desmontados seguían siendo demasiado aparatosos. Y luego había que contar con el retroceso. Allí no había colchón acuático que absorbiera el impacto. Muchos de los cañones alemanes en Bélgica tuvieron que instalarse sobre bases de cemento antes siquiera de poder dispararlos debido a esto.
Entonces el ferrocarril volvió a escena. Por grande que fuera, el cañón podía moverse relativamente deprisa por las vías y los cilindros de amortiguación, junto con una cuna muy larga que repartía la carga, contribuían a reducir el retroceso. Estos cañones podían bombardear al enemigo incluso en sus posiciones de retaguardia. El máximo exponente de esta nueva generación de piezas de artillería ferroviarias lo constituye en obús francés Schneider de 520 mm, con proyectiles de 1.500 kg dotados de espoletas de explosión retardada. Afortunadamente (para todos) la guerra acabó antes de que semejante ingenio pudiera ser utilizado.
Sin embargo estos monstruos, pese a sus dimensiones y poder no eran sino obuses, armas con un alcance relativamente corto: sólo los cañones más ligeros eran capaces de alcanzar los 30 km, porque con los que tenían un calibre superior a los 305 mm resultaba casi imposible superar los 10 o 12. En este sentido, no pasaban de ser armas tácticas que desmantelaban una y otra vez el frente y sus proximidades.
Su consideración como arma estratégica llegó el 21 de marzo de 1918, el día en que la ciudad de París empezó a ser bombardeada con artillería ¿Habían llegado los boches a las puertas? Ciertamente, no, aunque habían conseguido ponerla a tiro, pero ¿cómo?
Alemania había desarrollado un arma que desafiaba la imaginación: un cañón capaz de alcanzar la ciudad desde la increíble distancia 120 km, el Paris Geschütz o Cañón de París, también conocido como Langer Max y Kaiser Wilhelm Geschütz. Esta colosal arma, única en su tipo, pesaba entre 138 y 256 tons, tenía un cañón de 28 metros de longitud y un calibre de “sólo” 210 mm. Estaba emplazado sobre una cuna especial con dos juegos de ruedas independientes y se movía arrastrado por dos locomotoras a las cuales también se enganchaban los vagones con municiones y personal.
Su principal problema era que la carga explosiva de sus proyectiles de 94 kg había tenido que reducirse a unos ridículos 7 kg y que los disparos repetidos lo desgastaban (su vida media era de 65 dpa y el ratio de fuego era de 20 al día), pero su efecto como arma de terror fue tremendo: en su corta carrera, hasta agosto de 1918, mató a 250 personas, hirió a 620 y provocó cuantiosos daños materiales. Ni siquiera los continuos vuelos de reconocimiento realizados por los franceses en lograron descubrir el escurridizo cañón y el misterio de esta pieza de largo alcance, desaparecida misteriosamente justo al final de la contienda, perduró incluso tras la guerra.
El PERÍODO DE ENTREGUERRAS Y LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL
Tras la guerra, el empleo de cañones de largo alcance montados sobre ferrocarril no se perdió en Alemania. Para un ejército continental, estas armas de apoyo, que podían ser movidas hacia el lugar donde se necesitaran, eran un elemento sumamente atractivo. Su punto flaco residía en una reducida movilidad, limitada por las vías, por lo que, por lo general, disparaban desde instalaciones militares unidas con ramales a la red ferroviaria. Sin embargo, concebidas para permanecer ocultas hasta que llegara el momento de ser trasladadas al punto de tiro, poseían la ventaja de la sorpresa, y en una guerra, la sorpresa es la mitad de la victoria.
Los cañones de este tipo se clasifican en dos categorías: los que pueden pivotar sobre su transporte y los que deben hacerlo en la misma dirección de la vía. No obstante el primer sistema quedó limitado a los cañones de menos de 200 mm, puesto que un calibre superior necesitaba un montaje mucho más resistente, capaz de absorber un retroceso brutal.
Cuando en 1935, el ejército alemán empezó a rearmarse de nuevo, se inició un programa a largo plazo destinado a producir un gran número de grandes cañones para bombardear plazas fuertes y que debían de estar listos para el verano de 1939. En esta idea estaba muy presente al recuerdo del Cañón de París, pero en 1936 se hizo evidente que el programa a largo plazo iba demasiado lento en el desarrollo de armas modernas y fue preciso introducir un plan de choque alternativo cuyos productos fueron en su mayoría cañones navales que habían estado almacenados, instalados en soportes modificados de la I Guerra Mundial.
Alemania desarrolló varios tipos de cañones sobre ferrocarril, con rangos de calibres a partir de los 150 mm. Casi todos fueron el resultado de la combinación de ambos programas; sólo uno queda fuera, al tratarse de un proyecto privado.
150 mm
15 cm Kanone Eisenbahn
Este cañón fue el primer resultado del Programa de Emergencia. Básicamente, como ya se ha apuntado, eran viejos cañones navales SK L/30 sobre vehículos derivados de los usados en el anterior conflicto mundial. Sin embargo, estos vehículos eran pequeñas obras maestras de ingeniería, pues permitían que cañón y afuste giraran libremente 360º. En esencia eran coches de ferrocarril planos con bogies de seis ruedas en cada extremo. En el centro del coche estaba la plataforma giratoria con un sistema de estabilización plegable para evitar el balanceo cuando el cañón disparaba fuera de la línea de la vía. Normalmente los cañones estaban expuestos pero algunos fueron protegidos por una torreta blindada. El 15 cm K (E) tenía un alcance de 22.500 m, con un cañón de 5,57 m. Su peso total era de 74 tons. Los primeros seis cañones de 150 mm se entregaron en 1937, y otros diez más, los últimos, en 1938. El cañón KE de 150 mm era un arma altamente eficiente pero no se produjo de forma masiva debido fundamentalmente a que un calibre tan pequeño no justificaba una montura tan compleja.
 
170 mm
17 cm Kanone Eisenbahn
Este arma se fabricó como una solución a corto plazo para reemplazar el 15 cm K (E) por un arma más pesada, siendo seleccionado en cañón naval SK L/40 de 170 mm ¡diseñado en 1901 para los acorazados predreadnougth de la clase Deutschland!. La montura era la misma que la de su predecesor, ligeramente modificada para acoplar el arma. El 17 cm K (E) tenía un alcance de 26.100 m, con un cañón de 6,90 m y su peso total era de 80 tons. Su producción quedó limitada a seis unidades hasta 1938.
Aunque supuso una clara mejora respecto a los cañones de 150 mm, seguía siendo demasiado ligero para las caras monturas ferroviarias.
Al principio, el Ejército conservó todos los cañones, pero luego la Marina de hizo cargo de los de 150, hasta que finalmente, el Ejército volvió a tenerlos todos bajo su control. Durante la guerra estuvieron desplegadas como defensas costeras en el norte de Francia y de hecho, algunos se incorporaron permanentemente en las defensas del Pas de Calais, Bélgica y Holanda. En 1945, todavía quedaban algunos en servicio.
203 mm
20 cm Kanone Eisenbahn
Este cañón, pese a ser una improvisación, resultó contra todo pronóstico, un arma altamente efectiva. Usaba las piezas de calibre 203 L/60 destinadas a los cruceros pesados de la clase Blücher. Debido al incremento de peso fue preciso añadir un eje extra a cada bogie, totalizando ocho ruedas a cada extremo. Asimismo, fue el primer cañón ferroviario de nueva creación en disponer de una plataforma Vögele (que permitía giros de 360º) y de una grúa para la munición. El alcance máximo era de 13.700 m y su cañón media 12,15 m. El peso máximo en combate era de 86 tons. Ocho cañones de este tipo se fabricaron desde 1936 y todos ellos fueron usados en combate con notable éxito.
Posteriormente, los tubos de los cañones fueros sustituidos por los K38 de 210 mm, ya que el calibre 203, muy corriente en la Marina, no estaba estandarizado en el Ejército.
Seis de estas armas fueron capturadas por los Aliados en 1944, durante la liberación de Francia.
210 mm
21 cm Kanone Eisenbahn  K12V
El gigantesco K12 fue el primer cañón sobre ferrocarril digno de portar el calificativo de “largo alcance”, aunque en realidad fue más un experimento que un arma real. Es indudable compararlo con el Paris Geschütz. Queda patente su parecido y de hecho, el K12 nació precisamente para hacerle la competencia. El motivo era que Paris Geschütz había sido un proyecto de la Marina, lo que irritó en extremo a los artilleros alemanes que no toleraron aquella intromisión en su terreno y trataron de conseguir un arma que lo igualara o superara. El fin de la guerra canceló temporalmente la idea, pero en los años 20 y 30 cobró nuevos bríos materializándose en 1935 en un primer prototipo con un cañón de calibre de 105 mm. El calibre 210 fue introducido en 1937, pero el larguísimo tubo de 33,34 m ocasionó muchos problemas: aparte de tener que ser desmontado para su transporte, fue preciso rodearlo de una estructura de refuerzo para evitar que se derrumbara bajo su propio peso y corregir el balanceo (algo que nunca se logró del todo). Su plataforma tipo Vögele sostenida sobre dos bastidores de bogies dobles tampoco se quedó atrás: se descubrió que la recámara quedaba peligrosamente cerca del suelo cuando el cañón se ponía en posición de tiro Los ingenieros se vieron obligados a rediseñar la plataforma instalando un mecanismo hidráulico que la elevaba un metro del suelo antes de disparar para prevenir el problema del retroceso.
En 1938 entró en servicio en forma de “arma secreta”, realizando algunas pruebas de tiro y entregada al Ejército en marzo de 1939. Finalmente en 1940 vio acción: se lo trasladó al Pas de Calais efectuando varios disparos sobre Kent y ahí terminó todo. Aunque de alcance iba bien (rondando los 115 km), la poca carga explosiva de sus proyectiles (problema que también afectó al Paris Geschütz) dieron al traste con el proyecto. El cañón estuvo recorriendo la costa holandesa con la Eisenbahnbatterie 701 sin pena ni gloria hasta que finalmente fue capturado por los Aliados en 1945
240 mm
Los dos Theodor de 24 cm fueron también hijos del Programa de Emergencia, consistiendo, como sus “hermanos” más pequeños en un viejo cañón naval (en este caso de calibre 238 mm) sobre plataforma ferroviaria con dos bogies de ocho ruedas.
24 cm Kanone Eisenbahn “Theodor Bruno”
Theodor Bruno usaba un cañón SK L/35 de 1910 y 238 mm de calibre con recámara semicilíndrica montada sobre una cureña rectangular tipo caja. Era en cierto modo, un heredero de los viejos obuses, pues su tubo sólo medía 8,40 m y su alcance se quedaba en 20.200 m. El peso máximo era de unas notables 94 tons.
Los seis ejemplares que se construyeron no fueron entregados hasta 1939.
24cm Kanone Eisenbahn “Theodor”
Theodor era una versión mejorada del Theodor Bruno, también del mismo calibre y del que se diferenciaba por ser un poco más largo y por el uso de una caja rectangular para el mecanismo de la recámara; de hecho, en sus orígenes se denominaba Theodor Karl, pero más tarde el nombre se abrevió para evitar confundirlo con otro proyecto (un mortero gigante autopropulsado). Solamente se fabricaron tres ejemplares, entregados en 1937. Su cañón medía 9,5 m de longitud y el alcance se ampliaba hasta los 26.750 m. El peso de su proyectil estándar rondaba los 150 kg y toda la máquina, completamente equipada, pesaba 97 tons.
280 mm
El calibre 280 fue el más habitual entre los cañones de largo alcance, con un total de 5 modelos distintos, repartidos en dos series: Bruno (4) y Leopold (1).
28 cm Kanone Eisenbahn “Kurze Bruno”
Los cuatro cañones Bruno pertenecían a un serie de piezas del mismo calibre diferenciadas fundamentalmente por la longitud del tubo del cañón y bautizados con un nombre alusivo.
El primero, Kurze Bruno, era el más pequeño, usando el cañón naval SK L/40 de 283 mm (11.20 m de longitud) con un sistema de retroceso hidroneumático montado bajo la cuna.
La plataforma era muy similar a la del Theodor Bruno, básicamente agrandada y sostenida por dos bogies de diez ruedas. El alcance de esta pieza era de 14.300 m y pesaba 129 tons. Se fabricaron y entregaron 8 cañones entre 1937 y 1938.
28 cm Kanone Eisenbahn “Lange Bruno”
El segundo modelo de la serie fue el Lange Bruno, que usaba otro cañón naval de 283 mm, en este caso el SK L/45 de 12,73 m de longitud. La montura era prácticamente la misma que la del modelo corto.
Lange Bruno tenía un alcance de 16.800 m y pese a ser más grande que su hermano Kurz Bruno, era seis toneladas más ligero, debido a que la sección del cañón era más estrecha. Sólo se construyeron tres cañones de este modelo en 1937.
28 cm Kanone Eisenbahn “Schwere Bruno”
El tercero de los cañones de la serie, Schwere Bruno, utilizaba una pieza costera KK L/42 (11,93 m). En realidad, este arma hacía tiempo que había dejado de utilizarse, pero aún quedaban dos almacenadas, y en 1938 fueron emplazadas sobre la misma cureña ferroviaria que los otros dos Brunos. El alcance máximo era el mismo que el de Lange Bruno y curiosamente, pese al apelativo de Schwere (pesado), era el más ligero de los cuatro, con sólo 118 tons.
28 cm Kanone Eisenbahn “Neue Bruno”
Neue Bruno fue el último de una serie de cañones destinados al fracaso desde el comienzo. La máxima de que las improvisaciones nunca suelen dar buenos resultados, puede aplicarse con toda lógica a este caso: el programa de cañones Bruno se saldó con una inmensa pérdida de horas de trabajo y dinero y una eficacia más que dudosa. El único beneficio que aportaron fue experiencia para que Krupp perfeccionara cañón más efectivo de este rango.
Mientras los tres primeros modelos se fabricaban y entregaban, el Ejército llegó a la conclusión que sus prestaciones eran insuficientes y solicitó algo mejor. Dado que se preveía que el programa acabase en 1939, no había tiempo para acometer cambios en los diseños, por lo cual el Ejército concedió una prórroga. Los trabajos dieron como resultado el Neue Bruno, un auténtico “largo alcance” capaz de mandar un proyectil a 36.600 m de distancia. El nuevo cañón apenas se parecía a sus antecesores, y su cañón reforzado de 16,40 m era el más largo de toda la serie. Igualmente era el modelo más pesado con sus 150 tons en orden de batalla. Solamente tres cañones se terminaron entre 1940 y 1942, y aunque hubo proyectos de fabricar más, sus irregularidades balísticas y el mejor rendimiento del K5 Leopold acabaron con él.
28 cm Kanone Eisenbahn K5 “Leopold”
Este cañón es, sin duda, el más popular de su tipo y el que vio más acción. Mientras que la mayoría de piezas sobre ferrocarril fueron una mezcla de cañones ya existentes y monturas adaptadas, éste fue el resultado de un concienzudo estudio iniciado en 1934. Los ingenieros de Krupp lograron un diseño muy equilibrado (228 tons y un cañón de 21,54 m), con un buen alcance (62 km) y proyectiles con carga normal (255 kg). Así nació uno de los cañones sobre ferrocarril más elegantes nunca construidos, elLeopold, también llamado Schlanke Bertha (Delgada Bertha)
El primer K5 entró en servicio en 1936 y continuó fabricándose hasta el final de la guerra. Nadie sabe cuantos llegaron a producirse, pero la estimación queda entre 25 y 28. En 1940 ya había ocho en acción, pero entonces el diseño del tubo empezó a fallar de manera inexplicable. Durante las pruebas se fabricó un cañón con pequeñas estrías; esta modificación resultó plenamente satisfactoria, y en adelante, se adoptó para la producción en serie. Leopold dio tan buenos resultados que desde todos los frentes se pedían más.
Sobre el K5 se hicieron numerosos trabajos de mejora, incluyendo un intento de munición propulsada por cohete. Para esta munición se desarrolló una variantes especia, el K5 (E) Glatt, con tubo liso. Parece ser que dos de ellos llegaron a ser operacionales disparando sobre Maastrich desde su base en Bonn. Otra idea consistió en montar el Leopold sobre dos chasis de tanque Tiger para llevarlo campo a través, aunque este proyecto nunca prosperó.
En servicio, el K5 de 28 cm demostró ser un arma formidable, ampliamente usada en todos los frentes. En la Muralla Atlántica fue usado por la Marina para la defensa costera, e incluso para cañonear Dover desde refugios especiales. Dos de ellos participaron en el sitio de Leningrado y otros tantos en la batalla de Stalingrado. También se hicieron planes para llevar por lo menos uno a Túnez en 1943, pero finalmente los dos cañones que iban a viajar al Norte de África, se quedaron en Italia, donde acabarían cosechando una gran fama.
Por lo general, allí donde estaba el ejército alemán, había un Leopold cerca, y sus trenes especiales, con uno e incluso dos cañones enganchados recorrían toda la Europa ocupada.
Pero si por algo es famoso Leopold fue por su gran papel en Italia. Cuando las tropas Aliadas del VI Ejército desembarcaron en Anzio y Nettuno al sur de Roma en 1944, sus comandantes esperaron encontrar poca resistencia, ya que el grueso de las tropas alemanas se encontraban atrincheradas más al sur, sobre la llamada Línea Gustav. Pero aunque la operación anfibia tuvo éxito, el general John Lucas creyó conveniente asegurar las líneas de suministro y reforzarse con unidades acorazadas antes de internarse en los montes Albanos de camino a Roma, pese a que los reconocimientos aéreos no encontraron oposición de importancia. Tan mala como una temeraria precipitación es una excesiva prudencia, y el general Lucas quizá pecó de esta última.
Mientras esperaban el momento adecuado, el mariscal Kesserling tuvo tiempo de reorganizar a sus tropas y cuando los Aliados avanzaron, no sólo se encontraron con grandes fuerzas alemanas, incluyendo unidades blindadas, sino con sus cañones de largo alcance. Los dos cañones (llamados Leopold y Robert) que iban a viajar hasta África se habían quedado en Milán, puesto que la aventura africana terminó antes de que pudieran ser embarcados. A finales de enero de 1944 fueron enviados a Anzio vía Roma. Uno de los cañones fue situado sobre un ramal cercano a la vía férrea de Roma a Nettuno, pero como el otro no podía ponerse en el mismo sito, fue preciso trasladarlo más al norte. Ambos fueron escondidos en túneles.
Durante cuatro meses, se encargaron de amargar la existencia del enemigos machacando sin piedad hasta sus posiciones más remotas con sus proyectiles de 280 mm. Su efecto psicológico era tremendo; como decía un soldado “era como si te tirasen un camión encima”. Y lo peor de todo en que nunca lograban dar con el causante de tales destrozos. Los aviones de reconocimiento sobrevolaban la zona y al no descubrir nada suponían que habría sido destruido… hasta que al poco rato el cañón salía de nuevo de su escondite y lanzaba nuevas andanadas. El fuego de ambos cañones era tan regular que las tropas Aliadas bautizaron el invisible cañón (desconocían que hubiera dos) como Anzio Annie o Anzio Express.
Cuando las fuerzas polacas tomaron finalmente Monte Cassino, abrieron la Línea Gustav y los Aliados avanzaron rápidamente hacia el norte, cortando el ferrocarril y por tanto la única vía de escape de los cañones, que fueron finalmente capturados poco después; uno de ellos estaba muy dañado ya que su tripulación trató de destruirlo, pero el otro permanecía casi intacto siendo desmontado y enviado a Estados Unidos para su examen. Hoy puede verse en el Aberdeen Provin Groun en Maryland. OtroLeopold está expuesto en el Museo de la Muralla Atlántica, en Calais.
En 1938 Krupp se consideró con experiencia suficiente en materia de artillería ferroviaria para abordar el desarrollo de algo mejor, creando tres armas superpesadas, SiegfriedGustav (L) y Gustav (S), más conocido como Dora.
380 mm
38 cm Kanone (Eisenbahn) “Siegfried”
Siegfried fue el primero de esta nueva hornada de supercañones. El cañón seleccionado fue el SK C/34 de 380 mm. Para ahorrar tiempo en su desarrollo los dos primeros de los ocho construidos usaron piezas destinadas a uso naval, pero fue preciso reforzarlo para que no se desmembrara al disparar con grandes ángulos de inclinación, cosa que no estaba previsto inicialmente pues iban destinados a baterías costeras. Como novedad incorporó una recámara accionada eléctricamente y todo el cañón podía desprenderse del sistema de retroceso para viajar. La cuna era de tipo caja, apoyada sobre dos bogies de dieciséis ruedas. Todo el conjunto, de 294 tons de peso podía moverse por su cuenta brevemente mediante motores eléctricos aplicados a las ruedas.
Con su tubo de 19,63 m, Siegfried podía lanzar un proyectil estándar de 495 kg a 55 km de distancia. Cuatro cañones se emplearon sin su cureña para la defensa de Noruega y los otros cuatro, brevemente defendieron Danzig hasta que en 1942 fueron retirados, desmontados de sus cureñas y usados como artillería fija en la costa francesa.
Como curiosidad, indicar que todos los Siegfrieds fueron modificados con un cañón más largo para utilizar una munición especial impulsada por cohetes denominada Pfeil (Flecha) que nunca fue operativa y que habría podido ampliar su alcance entre 90 y 150 km.
520 mm
52 cm Kanone Eisenbahn “Langer Gustav”
Langer Gustav era la pequeña Dora, nacida de la obsesión de Hitler por bombardear Londres. Se creyó que un cañón gigante podría hacerlo y Krupp asumió el reto de un proyecto de máxima prioridad. Se conoce muy poco de sus características. El cañón debería usaba la misma plataforma de Dora, pero con un tubo de calibre 520 mm y 48 m de longitud. Langer Gustav sería desplegado en túneles especiales en el Pas de Calais desde dónde bombardearía la capital británica aprovechando su colosal alcance de 160 km. El único ejemplar nunca fue terminado y en junio de 1945 los rusos encontraron lo que quedaba de él en Chemnitz.
800 mm
82 cm Kanone Eisenbhan “Schwere Gustav” DORA
Dora se merece con todo rigor el apelativo que una vez se le dio de ser el ingenio más destructivo creado por el hombre hasta la bomba atómica, porque este excepcional y único cañón excedía la imaginación del más soñador de los artilleros. Si las medidas del Paris Geschütz de la Primera Guerra Mundial eran de escándalo, las de Dora eran de vértigo: un inmenso calibre de 82 cm y 32,55 m de tubo; un peso completo de 1.329 tons y unas increíbles dimensiones de 43 m de largo, 7 de ancho y más de 11 de alto en posición de transporte. Su alcance máximo era de 47 km.
Dora nació como un proyecto privado de Gustav Krupp en respuesta a una petición del Ejército de un cañón capaz de perforar los fuertes de la Línea Maginot. Sus ingenieros trabajaron en diseños con calibres que iban entre los 700 mm y los 1.000 mm. Los estudios se prolongaron hasta 1936 cuando Hitler visitó la fábrica. A la pregunta de que si sería posible construir un artefacto de estas características, Krupp respondió que sería difícil, pero no imposible. Hitler no dio ninguna orden concreta, pero Krupp, por su cuenta, siguió adelante culminando los desarrollos de un arma de 82 cm de calibre en 1937. Ese mismo año se inició su construcción.
La elaboración de aquella pieza monstruosa avanzó con lentitud, de tal forma que cuando empezó la guerra, seguía sin terminar, y los técnicos dudaban de que pudiera estar acabado para la primavera de 1940 y eso contando con que todo marchase debidamente. Pero la Blitzkrieg no esperó y sorteó la Línea sin su ayuda. El supercañón ya no parecía necesario, aunque concluida la campaña de Francia, Hitler ordenó que fuese terminado. El tubo del cañón se acabó a finales de 1940, y realizó sus pruebas de fuego poco después. A principios de 1942, el arma estaba lista para la acción.
El ingenio fue presentado como una contribución de la fábrica Krupp al esfuerzo de guerra y denominado Schwere Gustav (Gustav Pesadp), pero su guarnición lo bautizó con el nombre de Dora, con el que pasaría a la posteridad.
Sin embargo, cuando Dora estuvo preparada no había ningún frente donde fuera necesario el empleo de semejante arma. Ni siquiera el frente ruso, ya que los alemanes avanzaban tan deprisa que para cuando llegara, la línea de combate se habría adentrado mucho más en el territorio soviético. Pero en la primavera de 1942, le llegó por fin su oportunidad: la Wehrmacht había llegado a la fortaleza de Sebastopol, que había que tomar a toda costa para dominar Crimea… y por primera vez Dora salió de viaje. Desmontado en un tren especial con dos locomotoras más otros tres trenes con los 1.500 hombres encargados de su manejo, montaje y protección, fue emplazado en Bakhchisaray, una pequeña aldea al norte de Sebastopol. Las tareas de montarlo duraron seis semanas y es que Dora era realmente grande: situada sobre dos vías férreas gemelas, con su gigantesco cañón, empequeñecía incluso a los Leopold, los cañones de largo alcance “estándares” de los alemanes.
  
El 5 de junio de 1942, Dora dejó oír su voz y los rusos conocieron su tremendo poder. Su primer blanco fueron las baterías costeras, situadas a 25 km de distancia. 8 disparos fueron suficientes para pulverizarlas. La siguiente víctima fue un bloque de cemento conocido como Fuerte Stalin: al final del día y tras 6 disparos, el resultado era un montón de ruinas. Dora sólo disparaba cuatro proyectiles por hora y cada disparo exigía constantes comprobaciones de la velocidad y la temperatura del aire, pero no necesitaba más. Sus gigantescos obuses de cuatro metros de altura y de casi siete tons de peso podían perforar un metro de acero, siete de cemento y hasta treinta de tierra antes de estallar.
El día 6 demolió el fuerte Molotov con 7 disparos y los siguientes destrozaron el depósito de municiones de la bahía de Severnaya, situado bajo el mar y protegido por treinta metros de tierra y cemento e invulnerable a las armas convencionales. Claro que Dora no era un arma “convencional”… 8 proyectiles se hundieron hasta el fondo de la bahía golpeando las paredes del polvorín hasta que el noveno logró perforarlas y lo hizo saltar por los aires.
El día 7, nuevamente 7 disparos acabaron con la fortificación que los alemanes llamaban Südwestspitze. El 11, tras tres días de descanso, le llegó el turno al Fuerte Siberia, machacado con 5 proyectiles y finalmente, el 17 Dora lanzó su última salva contre el Fuerte Maxim Gorki y su batería costera. En total, el 5 días había efectuado 48 disparos. Se pretendió enviarlo a Stalingrado, pero en aquellos momentos el cañón necesitaba una revisión a fondo y fue trasladado a Rugenwalde, mientras que su tren era dispersado por Europa.
Para marzo de 1943 Dora estaba preparada de nuevo pero los Aliados bombardearon trenes y  vías manteniéndola inactiva. En 1945 para evitar su captura, fue desmontada y dispersada y muchas de sus piezas voladas con cargas de dinamita. El 22 de abril de 1945, los americanos encontraban en un túnel en Weiden (Baviera) algunos de sus componentes en un convoy de vagones medio destruidos. Allí quedaron abandonadas. Posiblemente los propios alemanes lo recuperaron para reutilizar su metal. Lo único que queda de Dora en la actualidad son sus gigantescos proyectiles.
Hoy DoraSiegfried o Leopold son meros recuerdos del pasado, de una guerra de otra época, colosales y silenciosos, añorando el rugido de sus propios disparos ¿Muertos? Tal vez, pero con sus fantasmas aún dormidos en el interior de sus recámaras…

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